Testamento y herencia digital

Soy un chico de 23 años. ¿Me interesan el testamento y la herencia digital?, ¿en el futuro catalogaré mis bienes en likes y emoticonos de aplauso en redes sociales?

No soy un erudito en materia jurídica. Me alivia que haya en esta página web una categoría llamada «El derecho combina con todo» en la que me puedo sentir algo más cómodo, ya que espero que también combine con alguien bastante ignorante en estos mundos llenos de leyes orgánicas, silencios administrativos y disposiciones que se actualizan más que el sistema operativo de un teléfono móvil.

Actualmente, el mundo virtual está adquiriendo mucha importancia en la forma de relacionarnos, de comprar cosas o de trabajar, pero pese a que la ciencia avanza a pasos agigantados y la esperanza de vida cada vez es mayor, seguimos sin ser inmortales, así que, ahora que toda nuestra información se encuentra en numerosos foros, correos y redes sociales, ¿qué pasa con ella una vez que dejamos de estar aquí?

El contenido que generamos en Internet se llama huella digital. La huella digital puede ser más o menos profunda. Ahora mismo, paradójicamente, cuanta más edad tengas, más pequeña es tu huella. Si eres un nativo digital, tu huella aumenta de tamaño como si fuera hecha por zapatos de hormigón. Todo ese contenido, que va desde cosas que podemos considerar importantes como inversiones bancarias en criptomoneda, hasta los juegos que te has descargado para la PlayStation se perderían de no hacer el denominado testamento digital.

Esta figura jurídica según el blog de Carmelo Llopis, notario de Ayora, Valencia, deberá ser similar a la del testamento analógico, pues no hay un conjunto homogéneo de relaciones que sea absolutamente independiente del testamento clásico. Son elementos que deben complementarse. Todas las cosas que alguien hace en vida, ya sean tener una suscripción de Netflix o un abono del gimnasio, tienen en común que son hechas por una persona física, y si la realidad social no las distingue, quienes aplican el derecho tampoco han de hacerlo.

El patrimonio digital (fotografías, vídeos, audios o documentos) del fallecido, se sigue considerando patrimonio y es transmisible sin más limitaciones que las que deriven del propio archivo. Hablaríamos de un patrimonio clásico solo que en soporte digital, en el que el heredero tendría derecho a acceder tanto al soporte físico como al acceso a los servicios de almacenamiento en nube utilizando la identificación personal del causante.

Por esta razón, los artículos 3 y 96 de la Ley de 5 de Diciembre de 2018 sobre la protección de datos, limitan la autonomía de la voluntad del causante, de modo que a los herederos no se les puede prohibir en ningún caso el acceso a datos de contenido patrimonial, ni respecto de bienes o derechos que formen parte del caudal relicto.

¿Es importante para mí el patrimonio digital?

Desde luego. Ahora mismo gran parte de lo que hago, queda guardado en Internet, así que considero que debe quedar a buen recaudo una vez que yo fallezca. Durante estos últimos años he generado algún contenido de entretenimiento en redes sociales, aunque no para ser considerado una figura pública; si acaso una figura pública para mis amigos que tienen la esperanza de que me convierta en influencer. Pero eso solo es la punta del Iceberg. Cada vez invertimos más en Internet, ya sea tiempo o dinero y en el futuro este tipo de inversiones se incrementarán. Hoy hay gente que vende sus cuentas en juegos Online por una millonada, porque han llegado a ser los mejores del mundo (esto pasa en juegos de ordenador y móvil como el LOL o el Clash of Clans). Todo eso es patrimonio digital también; y también lo es las inversiones que pueda hacer en criptomoneda; inversiones de las que me gustaría que mis herederos se beneficiaran o por lo menos las tuvieran disponibles. Quizá llegue un día que vivamos en una habitación y el resto de nuestro patrimonio sea digital y nuestra mente viva en Islas virtuales y beba caipirinhas digitales, porque todo avanza a pasos agigantados, así que sin duda hay que prepararse para ello e intentar entender el mundo del mañana para poder tomar las mejores decisiones. Eso sí, mi cuenta de la play espero que no se la quede nadie porque no quiero que se aprovechen de mis partidas ganadas y que tanto esfuerzo me han costado.

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